ALY KHAN, historia hípica

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Cincuenta años como narrador deportivo lo consagran como una Biblia del hipismo nacional. Comenzó cantando boleros y entre el diamante de un estadio de béisbol. Para evitar comparaciones con Pancho Pepe Croquer decidió enfocarse en su otra pasión: los caballos. En el 2004 le dijeron que no podía regresar a La Rinconada.

Sabrina Machado

Su voz gruesa aún rememora las tardes de 5 y 6. Sigue siendo fuerte y segura. La memoria no le hace malas jugadas. Es sencillamente Aly Khan, el príncipe del hipismo, que por más de 50 años fue un invitado especial en la casa de los venezolanos, y que en muchas ocasiones fue el vocero de buenas noticias.
Desde múltiples rincones los aficionados ligaban a su caballo y esperaban los segundos finales para que en la voz de este nativo de Ciudad Bolívar se escuchara el nombre del ganador y, así, seguir esperanzados en el cuadrito 5 y 6, de todos los domingos.

—¿Alguna vez jugó un cuadrito? — Yo nunca jugué a los caballos, jamás, ni cinco y seis.
—¿Pero me imagino que le pedían datos? — Sí daba datos y buenos datos, pero afortunadamente nunca me llamó la atención jugar.
—¿A qué edad entró por primera vez a un hipódromo? — A los 14 años, al hipódromo de Angostura, en Ciudad Bolívar. Fui solo. Ahí nació mi pasión por el hipismo. En Bolívar llegaron a existir cinco hipódromos, hoy solo hay uno. Era la cuna del hipismo nacional.
— Y cuándo comenzó su carrera en Caracas? — Tenía 18 años. Vine a Caracas a terminar mis estudios de bachillerato en el Fermín Toro, en Ciudad Bolívar solo se llegaba hasta cuarto año. Luego comencé abogacía en la Universidad Central de Venezuela, donde me gradué. Llegué al hipódromo de El Paraíso como aspirante a narrador hípico.  Me dieron la oportunidad de transmitir una carrera y al final narré cinco por Ondas Populares y Radio Caracas Radio. Después me llamaron de Radio Continente. Les dijeron: ‘Por ahí hay un muchacho que promete mucho’. Me llamaron por un contrato de 500 bolívares, en 1952, en aquella época era una fortuna.
Hoy, con 82 años, el ícono del deporte hípico está totalmente alejado de todo lo que representó su gloria durante décadas. Su trayectoria lo consagró como uno de los mejores del país. 18 Meridiano de Oro, uno de Platino, 25 Guaicaipuro de Oro y, más recientemente, su nominación al Salón de la Fama del Deporte Nacional, al lado de Nicolás Pereira, Carl Herrera, entre otras glorias, así lo demuestran.
Aún lamenta la forma cómo se produjo su salida de La Rinconada, en agosto de 2004. Sin ningún tipo de preámbulos se le informó —minutos después de una rueda de prensa—, que por decreto presidencial ya no trabajaba en el sitio que fue su hogar por más de 40 años. “¡Nos tubearon!”, exclama.
Por decreto presidencial del primer mandatario Hugo Chávez quedaron prohibidas desde ese momento todas las transmisiones de las carreras de caballo por radio y televisión. “‘Aló presidente’ necesitaba el espacio y me mandaron para mi casa. En agosto de 2004 se transmitió la última carrera”.
Nueve años después de esta situación está convencido que a la “revolución no le gusta la hípica”. Aunque admite que el año pasado fue llamado por el nuevo presidente de la junta liquidadora de La Rinconada. “Me dijo que iba a rescatar la actividad hípica. Me recibió y me dijo que era un honor conocerme personalmente. Desde el 2004 no pisaba el hipódromo, a excepción del año pasado que recibió un homenaje del Círculo de Periodistas Hípicos.
— ¿Qué sintió cuando pisó nuevamente el hipódromo? — Me sentí muy triste por las condiciones del escenario que presenta. La tribuna C desapareció, ahí es donde están los refugiados. Las caballerizas no tienen la atención debida. Está en muy mal estado. En verdad, sentí mucha tristeza ver el estado físico que tiene ahora.
—¿Ve a algún sucesor en el hipismo? —La verdad es que como se suspendieron las transmisiones yo no se quién transmite o quién no transmite. Héctor Cordido es un gran profesional, trabajó conmigo 40 años y actualmente sigue trabajando. Él hace las narraciones internas para los centros hípicos, igual Gustavo Ríos, que también es un buen profesional.
—¿No escucha las transmisiones desde los centros hípicos? — No. Desde que me desterraron del puesto de trabajo de La Rinconada me retiré del movimiento hípico. Tampoco nunca me gustó jugar.
—¿Qué le dejó el hipismo? — Gran satisfacción, reconocimiento, popularidad. Se me recuerda. Voy por las calles de Caracas, de cualquier pueblo de Venezuela y se me saluda con cariño, con respeto, igual me pasa en el exterior. Soy popular en Panamá, Puerto Rico, Lima, México, donde llegué a trabajar en los clásicos internacionales.
—¿Qué carrera recuerda con más gusto? — El triunfo de Victoreado, en Puerto Rico, el 22 de junio de 1966. Era el primer Clásico del Caribe. El gran favorito era un caballo puertorriqueño, El Rebelde, conducido por Ángel Cordero. Gustavo Ávila iba sobre Victoreado. El Rebelde entró a la recta final con 10 cuerpos de ventaja. Victoreado le ganó en los últimos 300 metros. Esa fue mi primera experiencia a nivel internacional. Para sorpresa me conocían en Puerto Rico, porque las transmisiones de Radio Continente entraban por onda corta.
Virgilio Decán nació en Ciudad Bolívar, el 13 de julio de 1931. Era el segundo de tres hermanos. Jamás conoció a su padre. Su única referencia fue que era un coronel del Ejército del general Juan Vicente Gómez. Su madre, de procedencia humilde, era lavandera. “Mi primer trabajo fue recoger la ropa sucia y entregarla limpia”, dice con orgullo.
Su primer gran triunfo en los medios fue a los 14 años, cuando ganó un concurso musical. Cantó el bolero Nosotros, de Pedro Vargas. El premio fue 15 minutos lunes, miércoles y viernes, de 8:00 a 8:15 am en una emisora cristiana.  Su voz lo llevó a integrar la coral de la misa dominical. A las 9:00 am pasaba de la iglesia al estadio de béisbol, donde narraba los juegos. El apodo del “Pancho Pepe de Guayana” lo corrió del diamante. “No iba a cargar con ese San Benito”. Apostó 100% al óvalo y al purasangre.
Decisión que no lamenta en lo absoluto. Se siente profundamente agradecido de la vida llevada hasta ahora, de las experiencias regaladas por el hipismo y de la buena salud que ha gozado en compañía de su esposa y sus hijos.  Aún recuerda con cariño y gran aprecio a sus maestros de la hípica, quienes le enseñaron el negocio, sin mezquindades. Eloy Pérez Alfonso, “Mr. Chips”; Juan Francisco Rodríguez, “Don Fulgencio”, y José Eduardo Mendoza, “Miralejos”. “Los tres reyes magos del hipismo, de la narración hípica”.
Justamente a Don Fulgencio le debe el apodo de Aly Khan, basado en el príncipe oriental, que inauguró un haras en el país en la década del 50. “Me dijeron que en la actividad hípica un seudónimo era más efectivo que el nombre de pila de uno. Éste me produjo bastante”.
—¿Quién le enseñó a narrar carreras? —Fue algo natural, espontáneo. No me enseñó nadie. Escuchaba a los narradores hípicos de la época y me prometí a mí mismo a aprender la narración con un sentido propio, que no se pareciera a ninguna de ellos, por aquello que segundas partes nunca fueron buenas.
—¿Extraña el mundo de la hípica? — Sí lo extraño, Identificado medio siglo con la hípica tengo que extrañarlo. Su casa es una demostración de este amor. Hermosas figuras del imponente animal recuerdan ante quien se está.

Diario Panorama